domingo, 21 de junio de 2015

Bolas Chinas

¿Recordáis que os conté que hace poco había organizado un fiesta tupper sex para unas amigas? Bien, pues yo hice dos adquisiciones: una bala vibradora y unas bolas chicas. La bala la estrené al día siguiente de comprarla pero las bolas chicas aún no las había estrenado. 
Soy una novata en lo que a las bolas chicas se refiera, nunca hasta hoy las había usado. Había escuchado un poco de todo respecto a ellas. Desde que no estimulaban sexualmente hasta que se podían alcanzar orgasmos en el autobús llevándolas puestas. Hoy me he animado a probarlas y voy a contar mi experiencia. ¿Preparados?

El sol brilla potente en el cielo, la calle está tranquila, es domingo y la gente deja el coche en casa para ir andando a desayunar o a pasear. Tras el desayuno y tras ponerme al día de la actualidad mirando el periódico, me asomo a la ventana mientras me fumo un cigarro. Hace un día espectacular, veo a varias personas haciendo running por la calle y me dan un poco de envidia. Me apetece salir a la calle, a correr o a pasear un rato, a tomarme un café en un terraza, a disfrutar del aire libre. Frente al espejo en la habitación me quito el fino camisón de raso blanco con el que he dormido, abro el armario y veo la pequeña caja granate. La cojo, la miro y pienso: “ya es hora de estrenarlas”. Cojo el lubricante para ayudarme a introducirlas y comienzo a meterlas con mimo en mi vagina. Me cuesta un poco, son gorditas y mi nivel de excitación en ese momento es cero por lo que meter las dos bolas por completo en mi vagina estrecha me lleva un poco de trabajo. Cuando por fin las tengo dentro, la sensación es extraña para mi. Siento como si me estuvieran penetrando pero sin penetración, es algo raro. Mientras me visto me voy acostumbrando a tenerlas dentro, me cuesta un poco aguantarlas y tengo que contraer la vagina de vez en cuando para que no se caigan. Hasta el momento no hay ningún tipo de placer sexual. Salgo a la calle y comienzo a trotar, empiezo a notar entonces como las pequeñas pesas que hay dentro de las bolas se mueven y golpean las paredes de mi vagina. Sigo trotando y las bolas siguen golpeando, marcando un ritmo constante mientras mis piernas trotan a ese mismo ritmo. Empiezo a sentir placer sexual, no es intenso pero es constante. Siento en mi interior una presión intermitente y constante que provocan las pesas de las bolas al golpear con mi vagina. Acelero el ritmo, quiero que las bolas golpeen más rápido en mi interior pero me canso enseguida. Tengo que parar. Ando para recuperarme y las bolas siguen golpeando, más despacio, pero siguen haciendo su trabajo. Me siento en una terraza a tomar algo fresquito, me muero de calor. Me siento al borde de la silla con las piernas cruzadas y las aprieto, hago movimientos raros con la cadera para que las pesas se sigan moviendo. Me doy cuenta de que necesito terminar. Antes de que el camarero tenga tiempo de atenderme me levanto. Ando deprisa hacia casa, las bolas siguen moviéndose y yo quiero llegar ya a la intimidad de mi hogar para quitarme la ropa y terminar. Subo por las escaleras deprisa, las pesas golpean mi interior, abro la puerta, la cierro y me dirijo a mi dormitorio. Me desnudo, abro el armario y saco otra pequeña caja gris. Me tumbo en la cama y con las bolas todavía dentro y la bala vibradora termina lo que las bolas han empezado. 


Conclusión: no creo que hubiera sido capaz de tener un orgasmo solo con las bolas, pero sí que provocan placer sexual. 
¿Me animaré a llevarlas a trabajar? 

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