martes, 14 de mayo de 2013

Ligar

Londres, 8 de la mañana. Salgo de casa con la hora demasiado justa, otra vez. No debería haber perdido esos valiosos minutos maquillándome un poco. Nada especial, muy natural para ir a trabajar, pero aún así me ha quitado un tiempo valioso. Me puede el ser coqueta…
El metro a esta hora está insoportable, lleno de gente que se desplaza para ir a trabajar.
¿Encontrar sitio libre? Ni lo sueño, una vez más me tocará leer de pie, menos mal que el trayecto es corto.
Entre toda esa multitud hay un montón de hombres en traje, la hora punta es lo que tiene. Todos recién duchados, afeitados, oliendo genial a colonia… No se que tienen los hombres en tarje pero me encanta. A veces, cuando veo a uno que atrae, fantaseo con un escarceo. Acercarme por detrás, susurrarle algo al oído y bajarnos en la próxima parada para echar un polvo en el baño de algún Starbucks antes de ir a trabajar.
Estoy en el metro, de pie, rodeada de varios de esos hombres en traje. Imposible leer, así que me distraigo mirando lo que está haciendo en el móvil el hombre que está a mi derecha. EL PAÍS, se puede leer en la pantalla del IPhone. Miro hacia arriba y le observo un momento. Es mono, moreno, alto, de unos 35. “Mi tipo” pienso, y antes de darme cuenta mi subconsciente ha decidido ligar con él. En esta ocasión lo tengo muy fácil para un primer contacto, está leyendo EL PAÍS. “¿Son buenas noticias o malas como siempre?” le pregunto y le sonrío. Levanta la mirada de la pantalla, me mira y me contesta. “Malas, como siempre” y se medio ríe mirándome a los ojos. Ya está, a partir de aquí es cosa suya. Yo ya he generado el primer contacto, ahora si el quiere charlar sólo tiene que seguirlo, si no lo sigue es que le intereso lo más mínimo, ni para amenizar el viaje en el metro con una charla. “¿De dónde eres?” me pregunta. “Genial” pienso “al menos iré el camino entretenida”. “De Madrid, ¿y tú?” – “de Alicante”. Después de eso, los típicos “qué haces en Londres”, “dónde vives”, “cómo que decidiste venirte”, y así hasta el “tu novio tiene que estar orgulloso de ti”. Esa siempre es una frase trampa, si yo le respondo: sí, lo está. Él se retirará y a otra cosa, pero si por el contrario le digo que no tengo novio continuará con el “cortejo”.  No tengo novio así que le digo: “qué va, no tengo novio, pero mi madre está orgullosísima” Nos reímos los dos. Un poco más de charla y por fin llega el momento, le he interesado para algo más que para una charla en el metro y se va a tirar a la piscina. “Podíamos quedar un día para tomar algo” me dice así como si nada. “Claro, me encantaría” le respondo también como si nada, pero con una de mis mejores sonrisas, de esas medio tímidas. Y justo en ese momento me doy cuenta de que estoy en mi parada, ¡mierda! No me puedo entretener, voy tarde, no tengo su número ni él tiene el mío pero no puedo ir hasta la próxima parada. Tengo que bajarme. “Esta es mi parada, me tengo que ir. Adiós” le digo rápido mientras intento abrirme paso hacia la puerta. A la vez que salgo le escucho que dice: “oye, no tengo tu número” pero ya es tarde, las puertas del metro se han cerrado.
Mientras continúo mi camino pienso, por un lado me da un poco de rabia no haber tenido tiempo de intercambiar números. Últimamente no estoy muy abierta a relaciones sentimentales pero nunca se sabe, quizás lo hubiéramos pasado bien. Y mientras miro por la ventana del tren que me lleva a mi destino final me veo a mi misma, muchos años atrás y recuerdo claramente, como si hubiera sido ayer, una pregunta que le hice a la hermana mayor de una amiga. “¿Cómo se liga? Yo quiero aprender a ligar” “ a ligar no se aprende” me dijo “cuando seas mayor te saldrá solo” 

A falta de una imagen más adecuada (estoy muy cansada y me quiero acostar ya) un cuadro de Edward Hopper, un artista que aunque no es de mis favoritos, le tengo un cierto cariño desde que fui a ver una exposición suya en el museo Thyssen con alguien muy especial.

viernes, 3 de mayo de 2013

Guerrera



Hoy he estado hablando con un amigo acerca del amor y he reflexionado sobre ello.
Aunque mi amigo y yo actuamos de forma bastante parecida cuando de amor se trata, es cierto que no todo el mundo actúa de la misma manera.
Yo soy de las que presenta batalla desde el primer momento que siento algo. Llamo a filas a todos mis soldados y me planto frente a las murallas contrarias con todas mis armas. Nada se queda en casa, se lucha desde el principio a ganar y se lucha hasta que el último soldado caiga, y cuando este ha caído, siempre queda la capitana resistiendo hasta el final de la guerra. No importa lo que se pierda en el camino si se lucha con el corazón.
Y con esto quiero decir que lo doy todo, a fuego, que no me dejo nada por dar, hasta el final.
Mi amigo me contaba sus desventuras amorosas, que no entendía ciertas cosas que yo tampoco logro entender. Entonces él me ha dicho una cosa en la que tiene razón, “no todo el mundo es como nosotros, la gente tiene miedo, la gente es egoísta y no da todo lo que podría”. Y yo me pregunto, ¿qué sentido tiene el amor si no lo das todo? ¿si no lo arriesgas todo por amor? Yo no puedo entender el amor de otra manera. Me he llevado muchos palos por esa manera de entender el amor pero no me arrepiento de nada y lo volveré ha hacer igual la próxima vez que me enamore. Volveré a llamar a filas a todo mi ejército, volveré a entregarme a fuego, en cuerpo y en alma.
Se que soy una romántica empedernida pero que le voy a hacer, así soy yo, no puedo evitarlo. Y es más, me gusta ser así, sin miedo, o mejor dicho, con miedo pero luchando. Con mucho miedo de caer pero aún así en el campo de batalla, a por todas con todas por delante. Aunque pierda mil guerras en el camino. Y una vez terminada la guerra, de vuelta a casa, sin soldados, sin armas, sin bandera, sin nada. Casi sin energía, las piernas tiemblan, se doblan del cansancio. Pero tras pasar el periodo de posguerra de nuevo arriba. Con un nuevo ejercito preparado para una lucha, de nuevo a por todas, de nuevo a fuego. Porque es la única manera en que pierdes una guerra pero no eres el vencido. 

domingo, 28 de abril de 2013

Recapitulando

No se cuanto llevo sin escribir, creo que la última entrada la escribí hace 10 días, pero realmente es ahora cuando encuentro un hueco para hacerlo. Esta semana pasada ha sido de locura. Por motivos especiales esta semana he tenido que trabajar más horas de las habituales por la mañana y justo esta semana he empezado mi nuevo trabajo de por las tardes. Para colmo también me he juntado con varios compromisos, cenas con amigas, etc. así que me iba de casa a las 7 de la mañana y llegaba como pronto a las 10 de la noche cansadísima sólo con ganas de meterme en la cama.
Ayer, primer día libre después de una dura semana de trabajo, lo que me apetecía era dormir y salir por ahí a comer y a tomarme algo con una amiga. Eso hice, me levanté tarde, me duché, me puse guapa y me fui de vinos y a comer. Casi más de vinos que a comer, nos bebimos entre mi amiga y yo una botella de vino en el aperitivo, otra en la comida y terminamos con unos Gin Tonics en el W de Leicester Square. Os podéis imaginar que cuando llegué a casa a eso de las 8 sólo me apetecía tumbarme, ver una peli y dormir.
Otra de las cosas que he hecho esta semana es ir a ver el musical del Fantasma de la Ópera. Tenía muchas ganas de ver un musical en Londres y cuando compré las entradas no sabía que justo esa semana iba a ser tan movidita, así que el miércoles cuando salí de trabajar tuve que ir corriendo a Picadilly Circus para no llegar tarde. Por suerte la amiga con la que fui se encargó de recoger las entradas y pudimos entrar justo a tiempo.
Salí encantada del teatro, mereció muchísimo la pena todas las prisas y el cansancio con el que me metí en la cama ese día. Me encantó la obra, la puesta en escena es impresionante, sobre todo los decorados del escondite subterráneo de Erik (el fantasma), increíble. Y por supuesto las voces de los artistas ponían los pelos de punta, geniales.
Recomiendo a todos muchísimo que si tenéis la oportunidad de venir a Londres compréis entradas y veáis la obra. Yo ya estoy pensando en cuál va a ser el siguiente musical que veré.
Hoy para contrastar con el resto de la semana he pasado un día muy tranquilo en casa descansando, me he levantado tarde, he pasado la mañana poniendo al día algunas cosas y buscando una nueva academia que encaje con mis nuevos horarios de trabajo. Después de comer una pequeña siesta y un poco de lectura. Y cuando estaba ahí, tumbada en la cama, tranquila, relajada, sola, he cerrado los ojos y ha venido a mi cabeza una imagen, una imagen mía, con mis piernas rodeando la cintura de un hombre, mis brazos enredados en su cuello, mi boca besando sus labios y casi he podido sentir su erección como si fuera real. Me he excitado y sentido ganas de masturbarme, así que me he dejado llevar por mi imaginación una vez más y he llegado al clímax con ayuda de mi vibrador. Después de unos minutos tumbada en la cama, con los ojos cerrados, recuperando el ritmo normal de mi cuerpo, me he levantado, he encendido el ordenador y me he dicho: “es hora de escribir a mis chicos y contarles como ha ido esta semana”.
Esta ha sido una semana de los más completita y esta es una de las mejores formas de terminarla. 

(No sabía que imagen poner en esta entrada porque es un mix de mi semana, así que he elegido esta del fantasma de la ópera que me he parecido muy erótica)